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miércoles, 16 de julio de 2008

Sebastián ...siempre de lujo

...y como no ser así si desde que me enteré de su presencia en mi todo fue seguridad y alegría. Nunca antes me había planteado tantas cosas. Ese día era mi graduación como periodista, y ohhhh sorpresa me siento rara!!! Pero si tengo aparato, pues no importa. Preñadísima estaba, y cuando subí por el título lo único que oía era La Madre, La Madre, y aún ese es el nombre con el que me llaman muchas de mis compañeras y amigas, que es justo ahora, cuando empiezan a parir o planifican hacerlo pronto. Yo siempre creyendo que el mundo se acababa empecé antes.
Pero empecé como se debía...Sebastián me aportó dosis inmensas de la paciencia y tranquilidad de la que mis 21 años carecían.
Cuando nació, bajo el signo de cáncer su figura de niño bien alimentado me dió la confianza suficiente para iniciarme en esto de la maternidad. 3 kilos 800, eran lo que se llama un inquilino grande para mi apartamentico.
Amamantarlo fue un placer, con unas cuantas lagrimitas...pero todo, todo valía la pena.
Tuve que hacer acercamientos bibliográficos a lo del tema de la maternidad, ya que en mi vida había tenido experiencia directa con el asunto.

Así que amamantaba y leía.
Habló muy rápido. Y sus frases eran claras y coherentes. Como cuando apenas de año y algo, salimos apurados (para no perder el entrenamiento) y el empezó a llamar el taxi, con la misma cara de angustia que yo ponía.
Arruyado bajo el influjo de la salsa, en las salas de espera de la pediatra cantaba, "Camina pa´lante no mires pa´tras" y era el centro de atención, (las madres siempre pensamos que nuestro hijo es el centro de atención) pero pienso finalmente que realmente lo era.
Se parece mucho a su padre, tiene esa mirada y esa voz cálida y calma, y a Dios gracias también su voz y oído.
Pero se cuela en el un sabor latino, que no es por nada, todos sabemos de donde viene...jejejej.
A lo largo de su crecimiento me impacta su paciencia y lo mortalmente certeros que son sus comentarios.
Ahora avanza a la adolescencia, con mucho éxito en el campo de las chicas. Pero con ese don de ser profundo e íntimo, que por indescifrable lo vuelve más enigmático e interesante.
Que me cante es mi mejor regalo, verlo crecer está siendo mi aventura ....La Aventura!!!!
Pronto tendré que mirar al techo para hablarle, pronto, quizás más rápido de lo que quiero tomará su rumbo.
Mi hijo es la serenidad y la agudeza, la abstracción y lo concreto, Sebastián tiene un futuro tan genial, divino y místico como él.
Te bendigo, cada momento del día, y me siento la mujer, que sabe por donde ir, gracias a que soy la mujer cuyo destino ha sido ser tu madre.
Te amo, con el más dulce, divino e inmenso amor.
Te amo desde las entrañas de otros tiempos.
A ti lo mejor mi Sebastián.

lunes, 16 de junio de 2008

La desazón

Cuánto tiempo sin volver acá, pese a lo reconfortante que resulta el desplegarse en un sitio cómodo.

Ando, ando.

Ando buscando y encontrando. Ando oliendo. Ando entendiendo. Ando sacudida. Estoy cómo Teresa en el Oso Libidinoso, invadida por una triste desazón. Una rara desazón. No se parece a las otras. A los picos vividos.

Es una tranquila y organizada desazón. Es cuándo la certeza te asalta. Cómo si pudieras ver con claridad, sin ufanarte de bruja, lo que te rodea.

Evidentemente, el látigo del tiempo, y las horas del día que no alcanzan me llega. Pero también la seguridad de que se puede hacer todo.

Es cómo me lo explico Maricleen años atrás. Es la anomía viva, vivita, tal cual resaca de caipiriña a las dos de la tarde del día siguiente.

Y lo que me impresiona con más fuerza, es que realmente, todo está bien. Sera un momentum, un espacio de salto.

Recurro a todo lo que sé. Ergo escribo. Ojeo. Leo.

No me queda sino, dar gracias por este momento. Dar gracias por los que a mi lado, aún sin entender me asisten.

Gracias por tanto amor, de tan variados seres.

Gracias por salvarme siempre de lo que no es.

Cuándo resultan estos tiempos sé, que no queda otra que relajarme, respirar, y ponerlo todo en tus manos. Atenta, sin dejar de caminar.

Sino fuera por estos espacios, estás peligrosas sillas, cómo diferenciaría los otros, los momentos brillantes y plenos de luz.

viernes, 30 de mayo de 2008

Con la capacidad de ser, amar y disentir...¿bravas o retadoras?

He de confesar que lo primero que disfruté es que este texto me lo mando un ex , luego confieso que estoy clara y serenamente de acuerdo. También cuando le respondí a este amigo le dije, que le mandaría este correo a unas cuántas mujeres bravas, unos cuántos hombres valientes, y por supuesto que no dejaría la oportunidad de enviarlo.......al azar.
De todas, todas, les cuento que me dedicaré a medir las reacciones, pues el tema me parece parte de las conversas diarias con y sin vino de un montón de mujeres en trance....
Yo elogio sin duda a quienes inteligentemente saben sopesar.
Hoy decidí publicarlo, y medirlo...




Elogio de la mujer brava

Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Por: Héctor Abad


A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.

La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran "no más usted me avisa y yo le abro las piernas", siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias).

A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.

Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.

Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.

Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.

Vamos hombres, por esas mujeres bravas!!!!!!!!!!!!!

domingo, 18 de mayo de 2008

No aplazar

El tarot me habla de no aplazar, y recordé lo de no procastinar. Ciertamente el sentimiento que hay es el de la toma de decisiones, triviales o trascendentes, pero asumidas.
Luego aparece Mahamudra como la complitud a través del sexo, pero sin depender de él, en un orgasmo infinito.
Trabajo, por delate.
Vuelta, respiración, sentir...creo que haciéndole caso a Osho decreto ya 24 horas de aceptación total. No es fácil, pero es posible y tremendamente movilizador.
No juzgaré, solo viviré lo que esté de este minuto hasta el mismo de mañana, que ya no será el mismo jamás.