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sábado, 10 de mayo de 2008

Me fui pal´ monte buscando guayaba

Y encontré lo que siempre en mis viajes, en esa vuelta que relata Clarisa Pinsakola, en ese regreso a mi yo salvaje. La salvación, el refrescarse, el encuentro con la intuición, con la loba, la vuelta a la piel de foca, la risa incontrolable, y el llanto sanador.
Para más, se corrió como nunca el velo de maya. Lo que eran verdades ciertas, y defendidas, por alguna fase de mi alma resuelta a no soltar, se cayeron. Gran estremecimiento. Pero qué bueno.
Todo eso y más lo hace en mi vida la vuelta a la Sabana. Desde hace un buen tiempo la Gran Sabana significa para mi cambios y crecimiento.
Allí he sido madre, profesional, mujer y amante. Allí como ahora, la fuerza de una caída de agua en mis hombros me lava las penas y me reconforta para seguir el camino.
Allí oro parada, manejando, al vaivén del fogó, comiendo carne que llora, o simplemente mirando...es la plenitud de la que Osho habla, medita siempre, siempre que hagas algo con complitud.
Allí me miro, y veo mis propias tradiciones, mi propia familia.
De repente me reconforto al ver tanta gente querida. Se siembra eso también.
Compañeros de trabajo, las maestras de mis hijos, los señores de la panadería, la gente de lo locales, mis amigos, todo tan familiar.
Todo a la vuelta de la esquina.
Visité mi casa. La olí, la respiré. ¡Cómo me extraña!, casi me lo dijo a gritos. Cómo me enfrentó esta casa a todos mis temores.
¡Recuerdas mami!: "¡Yo! tener muchachos, matas o animales jamás".
Y allí me ví con mis dos sueños, criando, con perros, gatos y culebras, todos a mi cuido, jejejej. Y un día, mis manos tocaron la tierra y fue como nunca antes, luego las flores, y los colores me sedujeron.
Desde esa casa forjé sueños de luz. ideé como ver el Roraima desde mi comedor, para que mi desayuno fuera el punto más alto del climax cotidiano.
Claro de Luna, le puse, en pemón Kapuy Wiyü.
En ella aprendí a ser soltera otra vez....tarea agradable.
Y como contrapeso su imán para las reuniones tabernosas era inobjetable. De antología.
Punto a parte ...El Paují
Más allá de Santa Elena, unos 62 kilómetros de espesura y antigüedad más, aún más cerca del cuaternario está el Paují. Estoy ligada cósmicamente a este lugar por muchas razones que reconozco, pero por muchas más que nunca comprenderé. Pero siempre vuelvo, siempre es mi fiesta particular.
Mi cuento de hadas comenzó a los 13 cuando mi guapo vecino de 18, un suizo llamado Martín, me ponía a fantasear cuando con su familia partía desde Maracaibo a un lugar insospechado, la Gran Sabana, El Paují. Yo trataba de hacerme la idea de ese espacio, en que mi amor platónico se quedaba semanas, y para el que tenía que organizar su familia un despliegue de logística descomunal.
Luego a él y a su familia los he visto allá. Qué decir que eran un preludio.
Más tarde ya viviendo en Santa Elena, mi programa de radio empezaba a repuntar, y recibí de Hugo y Carlucho mi primera invitación a conocer la comunidad, era la fiesta del no tiempo del calendario Maya, y de inmediato me vi fascinada por la teatralidad de esos seres, y el misticismo adolescente de sus vidas, tan desprendido de mi misticismo de razón y agarre.
Fue mágico, y fue trascendental, cómo un arkano mayor del tarot, cómo un fuego sin control. El Abismo, ese punto donde el quiebre del macizo pareciera gritar y chocar contra un verde imperturbable y conquistador, contra la selva, contra el sur del sur; me dosmesticó...me dió de comer...mi vista se sació, mi alma voló y volver es irrefrenable.
Muchos fines de año seres queridos de otros tiempos y otras latitudes, de otras dimensiones como Grecia fueron allí mi compañía.
A Beni le encantaba escaparse conmigo a este lugar.
A Marielis, la dueña de Maripak le debo momentos de momentos, anécdotas de anécdotas, y esa sigilosa complicidad de la mujer en manada.
Ahora con Mary y Edoalis en ese espacio, se que siempre soy bienvenida y protegida allí.
En este último viaje, luego de ese llanto purificador encontré como siempre la contraparte, la fiesta.
Ni mandado hacer...Fidel, Carlos Machado, Edgar, Lisbeth y su familia. Guitarras, voces, amigos de otros países....OHHHH no puedo dejar de pensar que en otra vida fui regente de un bar culturoso......jejejeje de una taberna de soñadores, y canté y bailé, y serví y bebí ron al son de las cuerdas y a la luz de las velas, siempre alegre, siempre de amplias caderas, siempre mujer fuego y tierra, siempre de esa especie de preñadas eternas de la vida, con partos tan bonitos, tan reales, tan etéreos que son el tránsito entre el cielo y la tierra.
Fue un viaje corto, intenso y sanador......para abrir esta mi nueva etapa.

4 comentarios:

Fer dijo...

Importante etapa en ese viaje que iniciaste, sin duda, hace algunos meses. Casi coincidiendo con la fecha en que te conocí. Y tomo el riesgo de decir esto por lo que te conozco.
Insisto, eres una Brisa Fresca, a veces, pues ahora sé que tambien eres calor abrazador. Besos mil para tí. Ferr

Julieth dijo...

....Ferr....sigues siendo tan consecuente, tan familiar, tan desde hace tiempo. Aprovecho para decirlo a esos íntimos de corazón, y a los que se han acercado y mehan mandado mensajes personales o por el facebook, que me encnataría que sus sensaciones quedarán plasmadas aquí...es la idea. Ya ven estos sitios tienen vida propia...

milexa dijo...

¡Qué belleza ese reencuentro con tus adentros, Ju! Es como si tu corazón fuese un tepuy y de él manasen ríos a veces calmos, a veces rebeldes.
Gracias por compartir la luz del ciclo que anuncias.

Milexa

Julieth dijo...

Mili, lindo tenerte aquí, porque uno ve magia cuando uno la posee...Le sobra, cierto?
Besos y mil gracias!!!